Doña Anciana se quedó pensativa
en el dintel de la puerta, y me pregunto sobre Nene.
- - ¿Tú qué crees que deba de
hacer sobre Nene?
Nene, en otra vida, en otra
circunstancia, era un querido amigo mío. Da la casualidad que es el hijo de
Doña Anciana. 23 años, bien parecido, con perfecto inglés, y simpatía. Y probablemente
heredo el TAB, aunque eso es una cosa
que no importa, ya que es un adicto a la marihuana, al LSD y a la cocaína…
entre otras cosas.
A Nene le conseguí un trabajo en un call center para AT&T. Se
ganaba una buena cantidad de dinero. Pero, dado que Doña Anciana le malcrió
desde pequeñito (estudiando en “ese colegio de los caballeros que formaban
caballeros elegantes” en un discurso manido y clasista que me sabe a mierda
cada que lo dice), es el compendio del perfecto hijodeputa.
La adicción a una sustancia es
una porquería. No me gusta el ambiente
de los adictos, ni los adictos. Y no me gusta tener que cambiar la cerradura de
la entrada porque Doña Anciana le da la llave a Nene y muy probablemente, ya
que lleva casi un mes sin trabajo y van a echarle de donde vive, se presente aquí
queriendo robarse las cosas. De hecho, ya lo ha hecho varias veces.
Qué hacer con Nene. La respuesta
es obvia: mandarlo a que se joda. Ya tiene 23 años, y debe de ser responsable
con sus actos. Yo lo soy con los míos, una lección que la vida me ha enseñado a
punta de comer mierda física durante mucho tiempo. Cada cosa me cuesta, cada lección
se aprende duramente para no tener que repetirla jamás.
Fui claro con Doña Anciana. El camino es simple: dejar de darle dinero. Que
entienda de una vez que si para ella él es todo, para el ella solo es un cajero
automático y una máquina de cocinar. Que a la edad de el a mí ya me había tocado
enfrentarme con la vida, y no necesariamente de la manera simple. Que si lo
malogro, le hiciera por lo menos la caridad de permitirle madurar a los
trancazos. Y ya.
Lamentablemente, mañana, cuando
cambie la cerradura, no podre darle copia a Doña Anciana. Y por tanto, tendre que encerrarme a esperarla, todos los dias...

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