domingo, 20 de enero de 2013

Nene




Doña Anciana se quedó pensativa en el dintel de la puerta, y me pregunto sobre Nene.

-         -  ¿Tú qué crees que deba de hacer sobre Nene?

Nene, en otra vida, en otra circunstancia, era un querido amigo mío. Da la casualidad que es el hijo de Doña Anciana. 23 años, bien parecido, con perfecto inglés, y simpatía. Y probablemente heredo el TAB,  aunque eso es una cosa que no importa, ya que es un adicto a la marihuana, al LSD y a la cocaína… entre otras cosas.

A Nene le conseguí  un trabajo en un call center para AT&T. Se ganaba una buena cantidad de dinero. Pero, dado que Doña Anciana le malcrió desde pequeñito (estudiando en “ese colegio de los caballeros que formaban caballeros elegantes” en un discurso manido y clasista que me sabe a mierda cada que lo dice), es el compendio del perfecto hijodeputa.

La adicción a una sustancia es una porquería.  No me gusta el ambiente de los adictos, ni los adictos. Y no me gusta tener que cambiar la cerradura de la entrada porque Doña Anciana le da la llave a Nene y muy probablemente, ya que lleva casi un mes sin trabajo y van a echarle de donde vive, se presente aquí queriendo robarse las cosas. De hecho, ya lo ha hecho varias veces.

Qué hacer con Nene. La respuesta es obvia: mandarlo a que se joda. Ya tiene 23 años, y debe de ser responsable con sus actos. Yo lo soy con los míos, una lección que la vida me ha enseñado a punta de comer mierda física durante mucho tiempo. Cada cosa me cuesta, cada lección se aprende duramente para no tener que repetirla jamás.

Fui claro con Doña Anciana.  El camino es simple: dejar de darle dinero. Que entienda de una vez que si para ella él es todo, para el ella solo es un cajero automático y una máquina de cocinar. Que a la edad de el a mí ya me había tocado enfrentarme con la vida, y no necesariamente de la manera simple. Que si lo malogro, le hiciera por lo menos la caridad de permitirle madurar a los trancazos. Y ya.

Lamentablemente, mañana, cuando cambie la cerradura, no podre darle copia a Doña Anciana. Y por tanto, tendre que encerrarme a esperarla, todos los dias...

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