"¡Yo también te amo, Doña Anciana!"
He tenido un sinfín de trabajos
freelance durante los ya casi seis años que he vivido en esta fría y siempre caótica
y sorprendente ciudad. (nota mental: empieza a llamarte factótum). Cuando mis (poquísimos)
amigos llegan y me preguntan: “Hey (Kozure,
Ary, Aryeh, Costeño…etc) , ¿qué andas haciendo ahora?” , la respuesta que les doy viene siempre seguida con: “tú y
tus cosas raras…”
Hace unos meses que, por cariño a
el que quizá es mi padre en Bogotá, decidí aceptar ser cuidador de su hermana
(de él), una señora que tiene 56 años, y padece Trastorno Afectivo Bipolar (TAB
en adelante), Diabetes e Hipertensión. Por motivos que imaginaran, nombrare a
la señora con un apodo. Llamémosla… Doña Anciana.
Muy bien. Yo estudie psicología y
pensé, dado que había lidiado a mis tías (Z”L) que esto no sería sino otro reto
laboral, más bien beneficioso, debido a que debí mudarme a la casa de Doña
Anciana y solo tenía que supervisarla. “Además”, razoné, “¿Qué tanto problema
puede haber? Le doy sus dosis de medicación, limpio la casa, superviso sus
citas médicas… simple Koz!”
Pero claro, yo lo que soy es un
pardillo.
Empecemos explicando quizá lo más
básico. Y lo más básico es: NO MEDIA NINGÚN ASUNTO EROTICO DE POR MEDIO,
MALPENSADOS. Doña Anciana si bien no
esta tan vieja, cronológicamente hablando, si lo está por razones que analizare
después. Además de tener suficiente edad para ser mi madre, aparenta por lo
menos unos diez años más de los que tiene. Así que dejemos muy en claro el
asunto: por ahí no son los tiros.
El manejo del TAB es, como
cualquier enfermedad mental, un asunto que descansa en varios factores, siendo
el más importante el farmacológico. Básicamente,
se usa una droga niveladora de la química cerebral, en unión con un antipsicótico,
más un sedante, debido a que los pacientes empiezan a tener serios problemas
para conciliar el sueño, y la falta de sueño hace que se entre en un círculo
vicioso que potencia la manía o la depresión. Cuando llegue a hacerme cargo de
Doña Anciana, la sagrada trinidad del
TAB estaba presente en su fórmula diaria: Acido Valproico como nivelador de
estados de ánimo, Quetiapina como antipsicótico y Clonazepam como sedante.
En ese momento, mi, digamos, “Suegra”
era una persona que también padecía TAB. Con las mismas drogas formuladas. Su
receta era: Acido Valproico, 500 mg (1-0-1 , lo que significa una tableta de
250mg por la mañana y una por la noche), Quetiapina, 200 mg (0-0-1) y
Clonazepam 0.5 mg (0-0-1). Generalmente, se considera que una receta como la
anterior es de manejo “fuerte”. Fuerte
el hígado de Doña Anciana: Ácido valproico, 1500mg (3-0-3), Quetiapina, 800mg
(0-0-4) y Clonazepam 2mg (0-0-1). Lo primero que hice al leer semejante receta
fue empezar a pensar… ¿Dónde me he metido?
Ha pasado el tiempo. Doña anciana
ajusta ya año y medio en un episodio maniaco. Me ha agredido tres veces, por lo
que debi llevarla a internación a la clínica psiquiátrica. Ha sido agresiva. Me
ha insultado de todas las formas y maneras posibles. Ha robado mi dinero. Me ha
acusado de robarle dinero. Ha dañado con cloro dos jeans , una chaqueta y dos
camisetas que me encantaban. Me ha quitado el tendido de mi cama varias veces. Quema
la cocina y la deja en un estado terrible. Ha echado basura sobre el piso recién
limpiado por mí. Ha ingresado de contrabando cantidades industriales de dulces.
Ha tapado dos veces el baño. Hemos ido seis veces al psiquiatra. Hemos tenido
peleas. Ha agredido a sus hermanos. Ha mentido, y ha hecho planes para joder psicológicamente
a todos los que intentamos controlarla. Y, por último y debido a su
incontrolable manía, se acerca y empieza a contarme historias aburridísimas, larguísimas
y que simplemente, no me importan, en las cuales desliza bellas gotitas de
racismo, ideas sobre la superioridad religiosa del catolicismo, clasismo y
otras bellas perlas.
Hace un tiempito arrastro una
pequeña depresión. De alguna forma, Doña Anciana parece tener un sexto sentido
para agravarse o hacer cosas que exigen una supervisión más estricta cuando
encuentro algún pasatiempo que me permite relajarme (como, por ejemplo, volver
a practicar Roller Derby). Asi que
anoche estaba sentado aquí, ante mi portátil, leyendo unas cosas, cuando entro
a mi cuarto y empezó una larga verborrea sobre asuntos diversos: que si los Ocho
de Colombia, que si antes ella iba a conciertos, que si la historia del pueblo judío
en Discovery Channel, que si esto, que si lo otro…
- - Y si. Que hermoso era
Gaddafi. Me parece el hombre más apuesto, siempre ha sido mi ídolo…
- - Doña Anciana… Disculpe, ¿acaba
de decir que le gusta Muammar Gaddafi? ¿Ese dictador?
- - Y si, era tan apuesto… ese
maldito niño que lo mató, lo odio. Gaddafi es mi amor platónico.
Gaddafi es el súmmum de la admiración
de Doña Anciana. Eso, sin duda, explica tantas cosas…

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